Cambia los canales de recepción inestables
Por definición, el deporte raramente garantiza un resultado exitoso. El formato competitivo de un deporte asegura que por cada ganador habrá muchos perdedores. Y hay numerosos factores ajenos al propio control que pueden afectar al resultado de una prueba: el tiempo atmosférico, las habilidades o la motivación de los oponentes, la superficie de juego,,etc. La cultura del deporte otorga tanta importancia a ganar o perder, que es fácil caer en el error de pensar que éstos son los únicos resultados que importan.
El peligro sube cuando el único feedback que utiliza un deportista o un entrenador para valorar los resultados es la victoria o la derrota. Ganar no se equipara automáticamente con niveles altos de habilidad, ni tan sólo quedar 2º, 5º o 25º significa necesariamente que uno tiene pocas habilidades. Si uno se juzga a si mismo y a los otros únicamente en términos de clasificación, a menos que siempre ganes, es problable que estés minando los niveles de confianza en ti mismo o en tus deportistas.
Entonces el feedback al que se debería prestar atención es al modo en que tu actividad progresa en relación con las propias metas personales, por ejemplo cambiando el foco de atención cuando se presentan pensamientos negativos o de fracaso personal de la línea “no seré capaz”.
El pensamiento negativo puede ser un hábito difícil de superar, si se convierte en un modo automático de respuesta puede dominar la mente y por consiguiente el cuerpo, atención con la forma en que interpretamos nuestros avances y la forma que motivamos a nuestros jugadores o atletas.
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